EL RETIRO EN LOS MÉDICOS, ¿PARA CUANDO SERÁ BUENO REALIZARLO?

Dr. Juan Pablo Moreira Díaz 
Médico Internista y Endocrinólogo 
juanpablomoreira@mail.com

Todo profesional pasa dedica una gran cantidad de tiempo en el transcurso de su vida a su preparación y formación académica.  En el caso de nosotros los médicos, esto resulta particularmente cierto, y no sólo en el período previo a la graduación de pre y postgrado, sino después también, dado que se debe mantener una actitud de constante actualización para estar al tanto de los avances en los conocimientos técnico-científicos que le permitan atender de mejor manera a sus pacientes.  Tomando esto en cuenta, es natural que tratemos de obtener también el máximo beneficio de todo el esfuerzo realizado, sin preocupaciones acerca del momento idóneo para el retiro o jubilación.  Pero, ¿cuándo será conveniente empezar a pensar en este tema? ¿Cuándo deberíamos de poner un límite a nuestra actividad laboral, en la cual hemos puesto tanto empeño, y de la cual hemos obtenido así mismo tantas satisfacciones?

Este es más bien un tema personal y de índole existencial porque, ¿quién, sino nosotros mismos podemos decidir hasta cuándo trabajar? Esta decisión dependerá de muchos factores, como por ejemplo, nuestra fuerza física y mental, nuestro estado de salud, nuestros proyectos y aspiraciones a futuro, las necesidades económicas de nuestra familia, e incluso, la presión social para continuar en el desarrollo de proyectos de beneficio para la comunidad.

Buscando información acerca de este tema, encontré un reporte de una encuesta realizada en Estados Unidos recientemente (1) en el cual se demuestran aspectos interesantes.

Lo primero a resaltar es que la edad para el retiro en ese país está en ascenso.  Entre el 2010 solamente el 26% de los médicos activos eran mayores de 60 años, para el 2016 el porcentaje aumentó a 30%.  La edad promedio actual de los médicos activos es 51 años. En promedio, los participantes en la encuesta planean retirarse a los 68 años, 5 años más que el promedio del resto de trabajadores.  Las causas más frecuentes para permanecer activos fueron el hecho de disfrutar de la práctica de la medicina (58 %), disfrutar de los aspectos sociales del trabajo (56%) y el deseo de mantener el estilo de vida actual (50%).

A pesar de esto, existen preocupaciones importantes relacionadas con el deseo de continuar trabajando más allá de los 65 años.  Dentro de estas, la interrogante acerca de la capacidad de mantener la competitividad en un mundo médico altamente cambiante (38%), acerca del propio estado de salud (37%), de la habilidad de proveer servicios de calidad en el cuidado del paciente (26%), de los desarrollos tecnológicos (25%), y también, preocupaciones acerca de la pareja (21%).

Por otro lado, aunque la mayoría de los médicos en general se sienten satisfechos con su carrera, el 59% de los mismos refieren que su nivel de satisfacción ha decaído con los años.  Aún así, la gran mayoría (82%) están satisfechos, o muy satisfechos, con su profesión.  Acá los pediatras llevan la delantera con 93% de colegas satisfechos.

También está el asunto sobre el desarrollo personal en otras áreas. Resulta que casi la mitad (46%) hubieran querido realizar un mejor equilibrio entre el trabajo y la familia.  ¿Cuántos de nosotros no ha escuchado o vivido una historia relacionada con tener que desplazar los compromisos familiares para atender emergencias de nuestros pacientes?

En cuanto al asunto meramente financiero, esta no esa una preocupación, al menos en los colegas de la Unión Americana, debido a que la mayoría (83%) ha establecido con anterioridad una serie de medidas preparatorias para el retiro, como el establecimiento de fondos de pensiones.

Dentro de las especialidades, las quirúrgicas (incluida la anestesiología) son las menos dispuestas al retiro, con solamente un 4% de participantes indicando que habían perdido la “pasión” por su profesión.

Una buena proporción de médicos consideran que un buen plan para el retiro es aquel en el cual se puede ser financieramente estable (88%) y tener más disponibilidad para realizar actividades de índole personal (85%).  Más de la mitad (51%) desean continuar trabajando de algún modo durante el retiro (voluntariado, proyectos propios, etc.).  Es más, alrededor del 90% de los médicos encuestados refirieron sentirse aún competentes y sobre todo útiles a la edad de 60 años.

Finalmente, es de hacer notar que, a pesar de que la mayoría de colegas no está muy emocionado acerca de la idea del retiro, lo que más les atrae de esa etapa es la posibilidad de viajar más y poder dedicar más tiempo a las actividades familiares y lúdicas a las cuales con anterioridad no habían podido asistir.

En lo personal, y a manera de despedida, considero que es un derecho poderse retirar de forma digna, pero ante la inexistencia o inoperancia de instituciones públicas que nos asistan a la totalidad de los miembros del gremio en este aspecto, resulta en una obligación que nos preparemos por nuestra propia iniciativa para tal momento.  Saludos respetuosos a todos estimados colegas.

Para más información sobre el tema pueden visitar http://www.comphealth.com

 

 

Cáncer gástrico en Guatemala, un problema de salud pública

Cáncer gástrico en Guatemala, un problema de salud pública

Dr. Rixci Augusto Ramirez Fallas Jefe de Servicio de Oncología Médica Hospital General de Enfermedades Instituo Guatemalteco de Seguridad Social

Tomando en cuenta las últimas estadísticas de cáncer gástrico en la población guatemalteca, el cual ocupa la primera causa en incidencia y mortalidad tanto en hombres como en mujeres según las ultimas estadísticas del Globocan 2012. (ver figura 1)

El cáncer gástrico está asociado de un 50 – 65% por infección por H. Pylori en países menos desarrollados y hasta un 30% en países desarrollados. La agencia Internacional para la Investigación del Cáncer declaro al H. pylori como un agente carcinógeno tipo uno, categoría más alta asignada (International Agency for Reserch on Cancer, 1994), lo que significa que se sustenta con suficiente evidencia como agente etiológico directo del cáncer gástrico en los humanos. La transmisión de H. Pylori es a través de persona a persona por la ruta fecal oral, en su mayoría esta infección es adquirida a temprana edad. Los humanos son el mayor reservorio de esta infección. Lo que explica la alta incidencia de esta infección en países menos desarrollados, principalmente por malos hábitos higiénicos al preparar y consumir alimentos. En un estudio realizado por Hernández, R. D. en la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia de la Universidad de San Carlos en 2002 en biopsias de paciente con cáncer gástrico e infección por H. pylori evidenció que el 100% presentan el genotipo Vac A con la variación alélica s1/m1 y cag A, lo cual indica alta virulencia y alta actividad de citotoxinas,  provocando degeneración epitelial y ulceración por lo que la infección por esta cepa produce un daño más severo a la mucosa gástrica. Además, es importante mencionar que el 50% del cáncer gástrico se diagnostica en etapas avanzadas por lo tanto pocos pacientes son candidatos a tratamientos curativos. Por lo tanto, la alta incidencia de cepas más agresivas de H. pylori y su diagnóstico en etapas avanzadas justifica su alta mortalidad.

El cáncer gástrico es un actualmente un problema de salud pública, debido por su alta incidencia y mortalidad. En Guatemala por ser una población de alto riesgo para cáncer gástrico está recomendado:

  • Tamizaje con endoscopia gástrica
  • Trago de bario con fluoroscopía

Aunque estas dos modalidades no han sido comparadas en un estudio uno a uno, se ha demostrado que la visualización de la mucosa gástrica por medio de endoscopía alta posee una mayor sensibilidad para la detección de lesiones malignas.  Por lo que se recomienda realizar campañas de tamizaje para detección temprana en poblaciones de alto riesgo y erradicación de H. pylori en pacientes sintomáticos.

Referencias:

  1. Globocan 2012
  2. Schumacher C, J Clin Oncol. 2010; 28(35):5210
  3. Matta de García, Revista científica. 2015; 25(2)
  4. Hernández, R, Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia, Universidad de San Carlos 2002.