Lo que la Industria Azucarera nos hace creer “Culpen a la Grasa”

Dr. Juan Pablo Moreira Díaz
Médico Internista y Endocrinólogo
Jefe Unidad de Endocrinología Hospital Roosevelt

En una ocasión fui invitado a asistir a una especie de “coloquio” de una industria gigantesca de bebidas carbonatadas, en la cual, el objetivo principal por parte de los organizadores era pintar a dicha industria y a sus productos (particularmente las bebidas carbonatadas azucaradas) como aliados en la lucha por la salud de los pueblos.  En esa época empezaron a resonar algunos estudios, que fueron reivindicados más tarde por otros con mayor peso de evidencia estadística, que demostraban la asociación entre la ingesta de ese tipo de productos y el aumento de la pandemia de obesidad que vivimos en la actualidad. Realmente pueden llegar a ser bastante persuasivos.  Buscando información para una plática me encontré de pronto con una publicación de The New York Times, elaborada por Anahad O´Connor, y publicada en línea el 12 de septiembre de 2016, en la cual profundiza sobre este tema (1).  A continuación, les presento mi interpretación de la información que se presenta.

Resulta que de acuerdo a la revisión de documentos históricos recientemente liberados, la industria azucarera financió a “científicos” en los años de 1960 para desvirtuar la asociación entre el azúcar y la enfermedad cardiaca, y promover la culpabilidad, por así decirlo, de las grasas saturadas en el asunto en cuestión.  Los documentos internos de la industria azucarera, recientemente descubiertos por un investigador de la Universidad de California, Stanton Glantz, y publicados en JAMA Internal Medicine (2), sugieren que cinco décadas de investigación sobre el papel de la  nutrición en la enfermedad cardiaca, incluso las recomendaciones nutricionales actuales, podrían haber sido moldeadas por dicha industria.

Los documentos muestran que un grupo llamado “The Sugar Research Foundation”, conocido hoy como “The Sugar Association”, les pagó $50,000 (en valor actual) a tres científicos de Harvard en 1967 para publicar una revisión de la investigación sobre el azúcar, la grasa y la enfermedad cardiaca.  Los estudios usados en la revisión fueron seleccionados por el grupo azucarero y el artículo, que se publicó en la prestigiosa The New England Journal of Medicine (¡quien no la ha leído!), minimizó la asociación entre el consumo de azúcar y la enfermedad cardiaca, implicando de manera importante a la grasa saturada.

Pero eso no es todo, reportes más recientes muestran que la industria de alimentos ha continuado con su influencia en la ciencia de la nutrición.  En el 2015, un artículo publicado también en The New York Times, revelaba que la Coca-Cola, el mayor productor de bebidas azucaradas en el mundo, han proveído de millones de dólares en financiamiento a investigadores que buscaban desvincular a dichas bebidas de su asociación con la obesidad.  En junio, Associated Press reportó que los fabricantes de dulces estaban financiando estudios que proclamaban que los niños que comen dulces tienden a pesar menos que los que no lo hacen.

Claro que la Sugar Association salió a defenderse, mencionando que el estudio de 1967 se publicó en una época en la que no se requería que los autores mencionaran sus patrocinios, y que además, la investigación “ha contribuido” al debate científico, planteando que el azúcar no es el único responsable de las enfermedades cardiacas.

Por supuesto que el debate continúa, ya que durante décadas, las recomendaciones se centraron en reducir la ingesta de grasas saturadas, llevando a muchas personas a aumentar su consumo de alimentos bajos en grasa, pero altos en carbohidratos.  Algunos consideran que este ha sido un factor importante en el aumento de la “globesidad”.   A pesar de que la reducción del consumo de grasas saturadas sigue siendo una piedra angular de las recomendaciones nutricionales actuales, instituciones importantes como la Asociación Americana del Corazón (AHA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras, han empezado a advertir acerca de la relación entre el alto consumo de azúcar y el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

¿Qué más podemos decir de estos documentos de la industria que han salido a la luz?  Bueno, constituyen una especie de recordatorio del por qué la investigación debería ser financiada por fondos públicos  más que depender del financiamiento de la industria.  Además, pone el dedo en la llaga sobre los motivos reales de algunos de los altos ejecutivos de las industrias relacionadas con los alimentos en cuanto a “modificar” la información disponible y las recomendaciones, de acuerdo a sus propios intereses.  En palabras del ejecutivo que “contrató” a los científicos de Harvard para la elaboración del artículo publicado en The New England Journal of Medicine: “Déjenme asegurarles que lo que me están presentando es justo lo que teníamos en mente, y que estamos ansiosos de poder verlo publicado en papel”.

En este mundo globalizado y de sobreinformación, es nuestro deber mantenernos informados para ofrecer mejores soluciones de salud a nuestros pacientes y a nuestra comunidad.  Saludos a todos, hasta la próxima.

BIBLIOGRAFIA

  1. http://mobile.nytimes.com/2016/09/13/well/eat/how-the-sugar-industry-shifted-blame-to-fat.html?smid=tw-nythealth&smtyp=cur&referer=
  2. JAMA Intern Med. Published online September 12, 2016. doi:10.1001/jamainternmed.2016.5394
  3. http://www.clarin.com/buena-vida/nutricion/estudio-europeo-despeja-niega-adictiva_CLAIMA20130815_0158_14.jpg

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