¿Y los programas de posgrado de Medicina Interna?

Dr. Carlos Rodolfo Mejía Villatoro
Jefe de Departamento de Medicina interna, Hospital Roosevelt.

La evolución de los programas de residencia de Medicina Interna en Guatemala y las segundas especialidades relacionadas con la misma, ha crecido de manera muy importante, tanto en el número de programas de formación de Medicina interna, como las diferentes  Universidades involucradas en el aval de diferentes programas, que incluyen centros de Salud Pública, del Sector Privado, del Seguro Social y de Sanidad Militar.  Aunque el concepto general de Medicina Interna esta cada día más claro, gracias a los países que han liderado su desarrollo en Estados Unidos y Europa.

Nuestros programas de formación aún no están coordinados con el Sistema de Salud, que en nuestro país es fragmentado, dado que los fines de los Servicios Públicos, Privados, del Seguro Social y de la Sanidad Militar, no se encuentran coordinados, no se ha discutido sobre el futuro de los egresados de los Programas, pues la distribución de los recursos humanos ya formados es totalmente asimétrica, pues concentra más del 80% de los médicos del país en los Departamentos de Guatemala y Quetzaltenango.  Los médicos graduados de los programas de formación de especialistas, buscan opciones laborales en dos o más sitios, y en buena medida evitan la forma tradicional de ejercer la medicina privada, como muchas generaciones hemos hecho hasta hace unos 10-15 años, en que muchos veíamos en el consultorio privado, la manera  de desarrollarnos como Profesionales liberales, situación que en los últimos años no ha sido una visión general de los egresados, que han preferido dedicarse a trabajar para El Seguro social, la Enseñanza combinada con la asistencia en centros públicos, o bien contratados por horarios fijos por empleadores privados, sean hospitales, como clínicas organizadas por Seguros privados, Centros de hemodiálisis, etc.

Nuestros programas basados predominantemente en Medicina hospitalaria, con rotaciones basadas predominantemente en Servicios de Urgencias, de Cuidado Critico, Clínicas especializadas ambulatorias y áreas de encamamiento general, en donde se diagnostican y tratan pacientes con patologías de alta complejidad, está muy alejado de lo que luego practicaran en clínicas ambulatorias de pacientes con padecimientos crónicos.  Uno de los mayores problemas es generar el mismo interés en la atención en los servicios generales de consulta externa de Medicina interna, en donde los periodos de rotación son muy cortos, siendo esta la práctica que muchos de nuestros egresados desarrollaran al terminar sus programas de entrenamiento.

Por ello me parece que debe generarse un dialogo abierto, sin dogmatismos o ideas preconcebidas, para replantear nuestros programas, cuyo producto final debe responder a las necesidades de salud de la población, cuya expectativa de vida va creciendo, pues más del 10% de la población que ingresa a los Servicios de Medicina interna, son mayores de 65 años, proporción que es aún mayor en las áreas de cuidado crítico, pero que luego de ser resuelta su emergencia, no cuentan con el número suficiente  de médicos internistas que les puedan dar cuidado y seguimiento a largo plazo, que tengan conocimiento adecuado del cuidado Geriátrico, de las personas que requieren cuidados paliativos o bien que sean capaces de trabajar con equipos multidisciplinarios para el verdadero manejo integral de los pacientes adultos con padecimientos crónicos.

Podríamos considerar lo que ha en otros países se ha empezado a reconocer, los médicos hospitalistas, quienes se dedican al manejo de pacientes admitidos en hospitales agudos o crónicos, según el sistema de salud requiera, médicos en clínicas privadas como profesionales liberales, médicos de emergencia y médicos intensivistas, partiendo de la formación de médicos internistas, con el fin de mejorar el manejo del paciente en cada instancia que lo requiera.  Una consecuencia negativa podría ser la despersonalización de la atención, si no se cuenta con un buen sistema de registros médicos, que permita consultar rápidamente el historial del paciente que es evaluado en emergencia o bien en la clínica ambulatoria, conocer rápidamente lo que se realizo durante su hospitalización.

 Si a ello agregarnos el ingrediente de un Ministerio de Salud Pública, débil y con liderazgo limitado, por no contar con planes a largo plazo, para el adecuado seguimiento de los enfermos en el país.  La Medicina que se enfocaba en la población Materno-infantil, si bien no debe ser descuidada, no es la única prioridad de respuesta de salud del país, pues al priorizar a los menores de 5 años y a las mujeres, pero solamente cuando están embarazadas.  Necesitamos planificar la educación médica, de manera regionalizada, con planes de brindar acceso a trabajo digno para los médicos, en todos los sectores.  El país ya invierte en la graduación de más de 200 médicos cada año en la Universidad Pública y egresar a especialistas, en quienes invirtió tiempo y dinero, para que luego brinden servicio en el sector privado, en los seguros privados o en el Seguro social, comprometiendo el futuro de los servicios públicos, por no valorar e incentivar de manera adecuada a los profesionales que egresan de sus programas.

Entonces nos preguntamos al final: ¿Para que formamos especialistas? ¿En donde queremos que brinden sus servicios? ¿Queremos servicios públicos de salud que funcionen de manera adecuada? ¿Estamos enseñando la Medicina de forma realmente estandarizada en todo el país? ¿Cuantos especialistas necesitamos para dar una adecuada cobertura de Medicina interna a Guatemala? ¿Es mejor iniciar este dialogo ahora, con participación de quienes operativizan los programas en los Hospitales, las Facultades de Medicina y los empleadores de Salud Pública y de la Seguridad Social?

Guatemala, octubre del 2015.

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