¿QUÉ ANTIDIABÉTICO ES MEJOR…?

Dr. Juan Pablo Moreira Díaz
Médico Internista y Endocrinólogo
Jefe Unidad Endocrinología Hospital Roosevelt

Recientemente he tenido la oportunidad de participar en un Coloquio Latinoamericano sobre Metabolismo. El mismo giraba alrededor de las diferentes opciones de medicamentos antidiabéticos, y los diferentes escenarios que podrían presentarse en la práctica clínica cotidiana en el manejo de los pacientes con Diabetes Mellitus, como por ejemplo, el caso de los pacientes con Diabetes Mellitus tipo 1, el paciente anciano con Diabetes Mellitus, el paciente con falla renal, el que padece hígado graso no alcohólico, etc.

Todos los expositores eran personas muy preparadas y a su vez expertos en cada uno de los temas presentados.

Pero me llamó la atención algo. En dos ocasiones se puso a “debate” si una clase de medicamento antidiabético es mejor que el otro para el tratamiento de los pacientes, e incluso alguno de los profesores invitados (de habla no hispana) sugería que podrían ser iniciados como tratamientos de primera línea, desplazando de esa manera a la Metformina en el manejo inicial de la Diabetes Mellitus tipo 2. ¿Qué? Pensé.

Todos presentaban sus puntos de vista y los defendían con relativa vehemencia, pero la sensación (y de hecho, la más importante conclusión) luego de dichos debates era que la preferencia de un grupo sobre otro es algo que “DEPENDE”, como alguien dijo alguna vez.

Pero, ¿depende de qué? Pues depende de “A quién se está tratando”. Este es un punto que en TODAS las guías y consensos para el abordaje de los pacientes con Diabetes Mellitus se deja muy claro desde un principio: “La selección del tratamiento debe individualizarse y contextualizarse para cada caso particular”. 1,2,3

Es decir, no hay una “receta de cocina” para todos los pacientes que garantice el éxito instantáneo en el manejo de los pacientes, ni existe una “fórmula mágica” que se adapte automáticamente a las características individuales de cada uno de los mismos y que a su vez, no represente algún reto para su utilización. Dicha terapia NO EXISTE, y realmente dudo que algún día pueda estar disponible. Talvez con intervenciones que modifiquen la expresión genética (cómo he mencionado en comentarios previos en este blog). La verdad, sólo el futuro lo dirá.

El otro punto que reflexionar es: ¿cómo puede ponerse a debate y pretender comparar medicamentos distintos, con diferentes mecanismos de acción, perfiles de eficacia y seguridad, con efectos secundarios y adversos, y también costos distintos? Simplemente no se puede. Sería como querer comparar “peras con manzanas”. Ambas son frutas… Sí. Ambas son sabrosas… Sí. Ambas son alimentos… Sí. ¡Pero son distintas!

Pues lo mismo pasa con los medicamentos antidiabéticos. Es más, existen alrededor de 180 compuestos (en uso o en investigación) para Diabetes Mellitus, y de estos, mas de 130 son específicamente para Diabetes Mellitus tipo 2.
Entonces, ¿qué escoger? De nuevo, la respuesta es “Depende”. Precisamente es alrededor de la decisión de qué medicamento recomendar que gira la adecuada evolución de los pacientes. Pero, ¿qué debe guiar dicha decisión?. He aquí los elementos fundamentales:

• El paciente y su contexto multifactorial
• El médico y su contexto de conocimiento y experiencia
• El ambiente en el que ambos se desenvuelven

Al final de cuentas, ¿para qué debatir el que un grupo sea o no superior? ¿por qué no aprovechar las ventajas de cada uno, buscando minimizar las desventajas de cada otro?

¿Depende o no depende? ¿Usted qué opina?

1. Diabetes Care 2015;38(Suppl. 1): S1–S94
2. Endocr Pract. 2015;21: In Press. DOI: 10.4158/EP15693.CS
3.http://www.alad-latinoamerica.org/phocadownload/guias%20alad.pdf

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