¡QUE DIOS LES DE SAGRADA RESIGNACION!

Dr. Juan Pablo Moreira Díaz
Médico Internista y Endocrinólogo
juanpablomoreira@mail.com

En múltiples ocasiones, tanto en lo personal-familiar como en lo profesional nos enfrentamos al proceso de muerte. Sin embargo, es frecuente que nos encontremos en la dificultad de saber qué decir o cómo decirlo en esas situaciones. Ni en la familia ni en la Escuela de Medicina existe la suficiente guía y orientación para lidiar con los problemas que implican las pérdidas de nuestros seres queridos y los de nuestros pacientes y sus familias. No nos gusta hablar de la muerte, peleamos con ella, la alejamos de nuestros pensamientos, o nos perdemos en la ilusión de que llegará dentro de mucho tiempo o que nunca llegará. Pero en realidad, está más cerca de nosotros de lo que imaginamos, es más, nos viene siguiendo los pasos desde que nacemos.

Precisamente, en enero de 2015, se publicó un artículo de práctica clínica en la Revista New England, donde se presenta un caso típico de Duelo Complicado (patológico) y se discuten las diferentes situaciones que lo constituyen y también como abordarlo.

De relevancia clínica para todos nosotros se destacan los siguientes elementos:

  • El duelo complicado se caracteriza por ser inusualmente severo y por alterar funciones en áreas importantes de nuestro desenvolvimiento.
  • Los síntomas característicos incluyen suspiros intensos, ansias constantes, dolor emocional, recuerdos y preocupaciones frecuentes por la persona fallecida, incredulidad o inhabilidad de aceptar la pérdida, dificultad para imaginar un futuro significativo sin la persona que ha muerto.
  • Afecta al 2 a 3% de la población mundial, pero su prevalencia puede aumentar hasta el 20 a 30% cuando se pierde a un hijo o al cónyuge y después de una muerte súbita por medios violentos.
  • Los estudios aleatorizados y controlados proveen soporte de la eficacia de la psicoterapia dirigida al duelo complicado como tratamiento de primera elección para esta condición.
  • Existen otros tratamientos disponibles, tales como la farmacoterapia, pero no se han estudiado en estudios aleatorizados.
  • Su causalidad es multifactorial, y existen factores de riesgo como transtornos del estado de ánimo o ansiedad, abuso de drogas o alcohol o pérdidas múltiples.

Más que desviar la mirada hacia otro lugar o pensar que “el tiempo lo borra todo”, lo importante es reconocer que el problema existe, enfrentarlo con entereza y conocimiento, y dar nuestro mejor apoyo, ya que no somos médicos solo de cuerpos, sino que también debemos ocuparnos del alma. A todos los que hayan sufrido alguna o varias pérdidas de seres queridos, les quiero decir: “¡Que Dios les dé sagrada resignación!”.

BIBLIOGRAFIA

  1. N Engl J Med 372;2 nejm.org january 8, 2015

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