Betabloqueadores y Disglucemia

Dr. Víctor Castañeda, MA
Especializado en Diabetes y Medicina Interna
Médico de la Clínica Diabetológica Integral

Primero hablemos o definamos los criterios que hacen que una persona adulta entre en categoría de riesgo para diabetes tipo 2 (DM2), los cuales son; índice de masa corporal ≥25 Kg/m² y que tengan 1 o más factores de riesgo adicionales (inactividad física, parientes en primer grado con diabetes, ser latino, paridad >9lb o diabetes gestacional, hipertensión, HDL-c <35 mg/dL, TG >250 mg/dL, Síndrome de Ovario Poliquístico, cualquier disglucemia [glucemia en ayuno alterada, intolerancia a la glucosa o HbA1c 5.7-6.4%], condiciones asociadas a insulino resistencia [obesidad, acantosis nigricans] e historia de enfermedad cardiovascular) (1), si nos basamos en la evidencia epidemiológica que contamos en Guatemala, estamos hablando de cifras alarmantes para nuestra población. (2,3)

Luego conozcamos las indicaciones actuales de los betabloqueadores (BB). En la guía JNC 8, los BB forman parte del algoritmo terapéutico para el manejo de la hipertensión solo como terapia adicional si las primeras combinaciones con mayor evidencia no surten el efecto deseado(4), muy similar es la postura de las guías europeas al indicar que no son de primera línea, aunque a diferencia de la JNC 8, si sugieren indicaciones más específicas como falla cardiaca o luego de infarto al miocardio.(5)

En otras palabras, según estas dos importantes guías(4,5), los BB no juegan un papel de trascendencia al tratar la hipertensión. De manera anecdótica (no hay estudios con evidencia en nuestro país sobre la escogencia de antihipertensivos, al menos no que el autor conozca), en la práctica se detecta gran cantidad de pacientes hipertensos tratados con BB, aún como monoterapia y la mayoría de veces, son BB de primera generación, tendencia que si ha sido demostrada con el Atenolol que se lleva 3 cuartas partes de las prescripciones de BB en las revisiones sistemáticas realizadas.(7)

Luego de esto y regresando al tema de disglucemia, la asociación entre hipertensión y diabetes es plenamente conocida(5), por lo que está demás recalcar al respecto. Está estudiado que tratamiento con BB puede interferir con la secreción de insulina, que es un paso crucial en la historia natural de la DM2, y ha sido un predictor importante hacia su desarrollo(6), y a la vez, también se asocian con aumento de la resistencia a la insulina, segundo proceso fisiopatológico clave en el desarrollo de la DM2, también aumentan los triglicéridos y disminuyen el HDL-c, se asocian con aumento de peso que a su vez puede aumentar la resistencia a la insulina, en resumen, el uso de BB en pacientes disglucémicos (glucosa en ayuno alterada, intolerancia a la glucosa o HbA1c en niveles superiores a lo normal) no es una buena elección, a menos que esté claramente indicado.

En cuanto a los diferentes BB, es importante mencionar que los BB vasodilatadores como son Nevibolol, Carvedilol, Labetalol, Celiprolol parecieran no tener estos efectos metabólicos negativos.(5,8)

Para terminar, no se puede dejar de mencionar que los diuréticos tiazídicos, que son muy utilizados, también están asociados con aumentos glucémicos(5), por lo tanto, combinar BB + tiazida en pacientes en “estado prediabético”(1) sería arriesgar mucho a nuestros pacientes.

Bibliografía
1. American Diabetes Association. Standards of Medical Care in Diabetes-2014. Diab Care. Vol 37, Suppl 1. 2014
2. Orellana P, Ramírez M, Barceló A, et al. Organización Panamericana de la Salud Iniciativa Centroamericana de Diabetes (CAMDI): encuesta de diabetes, hipertensión y factores de riesgo de enfermedades crónicas. Villa Nueva, Guatemala 2006. Washington, D.C: OPS, © 2007
3. Guzmán I. Estado Actual de los Factores de Riesgo Cardiovascular en Población General en Guatemala. Rev Guatem Cardiol 2014;24(Sup 1):S1-S2
4. James P, Oparil S, Carter B, et al. 2014 Evidence-Based Guideline for the Management of High Blood Pressure in Adults Report From the Panel Members Appointed to the Eighth Joint National Committee (JNC 8). JAMA. 2014;311(5):507-520
5. Mancia G, Fagard R, Narkiewicz K, et al. 2013 ESH/ESC Guidelines for the management of arterial hypertension. Heart J. 2013 Jul;34(28):2159-219.
6. McGill JB. Reexamining Misconceptions About β-Blockers in Patients With Diabetes. Clinical Diabetes 2009; 1: 27
7. Wiysonge C, Bradley H, Mayosi BM, et a. Cochrane Database Syst Rev. 2007 Jan 24;(1):CD002003.
8. Fonseca V. Effects of beta-blockers on glucose and lipid metabolism. Curr Med Res Opin. 2010 Mar;26(3):615-29

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