ENFERMO POR CURAR

 Jorge Maximiliano Laynez Chay.

 Fragmento de “Enfermo por Curar”.

    Ixchel, consorte de Itzamná nos designó mensajeros en la tierra, para curar a la gente en su humanidad, para salvar las vidas que podamos salvar, para aliviar el dolor que hace sufrir más de lo que la condición humana nos permite soportar, para darle vista al que no puede ver por una catarata que se opone entre la mente y los colores del mundo, para curar los excoriaciones de la piel que arden al contacto del viento, del sudor, del agua, para darle mejor respiración a los que padecen enfisema pulmonar, para aliviar el dolor de los niños con cáncer, para evitar el horror de la sangre en los niños con leucemias, para acompañar las tranquilas muertes de los viejos que llegaron a su fin, para tratar la anemia del que no puede comer carne, para tratar las infecciones que tienen los desnutridos porque tienen disminuida su inmunidad, y tantas cosas más.  Entramos como héroes por la puerta de la historia, con prestigio, con honor.  Pero excedimos nuestras funciones, cargando en nuestra espalda el dolor que no nos correspondía.   Nosotros no solo queríamos curar las infecciones de los desnutridos, quisimos saber porque las injusticia del sistema permitía que hubiesen desnutridos en un país tan llenos de riqueza, no solo queríamos dar hierro para la anemia, también queríamos que se distribuyera la carne por igual, que todos tuvieran para soportar los cambios de precio de la carne que unos cuantos millonarios decidían de acuerdo a sus conveniencia, queríamos que los niños estudiaran para que entendieran la diferencia entre un caldo de hiervas y un pedazo de carne, queríamos que estudiaran para que no se dejaran explotar, para que no vendieran su trabajo por una migajas, que se dignificaran como hombres y mujeres, como trabajadores, como guatemaltecos.  Ya no nos conformamos con dejar morir tranquilamente a un viejo, quisimos ponerle un tubo en la tráquea y darle respiración artificial para que su tórax se levantara a nuestra discreción, le pusimos un catéter en su aurícula derecha para no dejar bajar la presión arterial, detuvimos la muerte, para prolongarla un poco más, y aquel viejo, que hacía varios días había expedido el último brillo de sus ojos, hoy permanecía vivo….. vivo, porque su corazón aun latía, porque una transfusión y solución salina no permitían que las cámaras de su corazón colapsaran, pero el brillo de sus ojos…. ¡El brillo de sus ojos!  Era sustituido por una opaca membrana que vestía la conjuntiva de sus ojos, puede ser que estuviera vivo, pero su diáfana mirada estaba muerta.  Sus últimas palabras ya no pueden ser dichas porque un tubo orotraqueal ocupa su boca y su garganta, una cánula entre sus dientes que permite que escurra su saliva. Cuatro días más tarde su corazón dejo de latir a las tres y media de la mañana, bajo la mano con misericordia de un estudiante que se quedó dormido por cinco minutos, agotado de dos días sin dormir, cuando despertó el estudiante, creyó que solo había parpadeado, unos minutos después se percató que el anciano había fallecido en un frío cuarto, lejos de las personas que amaba.  Pero nosotros, no sólo quisimos aliviar el dolor de los niños con cáncer, le ofrecimos quimioterapia, radioterapia, quemamos su sangre, sus tejidos.  Sus cabellos fueron cayendo de mechón en mechón, se fue haciendo la anemia sustituyendo a sus glóbulos rojos, como en la guerra en que el rey disparó flechas en contra de los combatientes en el campo de batalla, mató enemigos pero también a miembros de su ejército.  Así las terapias contra el cáncer matan células malignas, pero también las células que inocentemente querían defender al cuerpo.  Se quedó el cuerpo sin neutrófilos, como fuerte sin soldados… y el enemigo atacó, el cuerpo hirviendo en fiebre, ni el frío de la lluvia del invierno la pueden calmar, arde en delirio, se rompen sus frágiles vasos sanguíneos, rubicundo el rostro.  Una mezcla de antibióticos traspasa sus venas, de las que ya conoce el trayecto, pues el ardor que producen los medicamentos intravenosos se lo recuerda todos los días.  Pero nosotros, no solo ayudamos a respirar al paciente con enfisema pulmonar que viene con cianosis distal, cara roja por la poliglobulia, sensibilidad sobre el área hepática y con dificultad para respirar.  Decidimos ponerle respirador artificial, como condena a un criminal, uno, dos o tres meses después, persiste habituándose a su nueva vida en la cama de un hospital, comiendo a través de una sonda nasogástrica, respirando por medio del ventilador, mirando todas las mañanas su destino junto a los médicos de turno. Pero nosotros no nos conformamos con  curar las excoriaciones de la piel que arden al contacto del viento, del sudor, del agua.  Nosotros quitamos lunares naturales, estiramos arrugas ganadas con el tiempo, levantamos los glúteos y los senos, disfrazamos criminales con una nueva cara…… redimimos el cuerpo, ocultamos el alma.  Nuestra alma cargó con todos los dolores, con todas las muertes, no solo curamos sino cargamos con la enfermedad.    Y ahora somos parte de los que deben ser curados.

One thought on “ENFERMO POR CURAR

  1. Totalmente cierto, “no solo curamos, sino cargamos con la enfermedad”, esto pasa por mantener el antiguo paradigma de ver nuestra profesión con un enfoque predominantemente “curativo”, cuando lo que deberíamos procurar es promover la PREVENCIÓN. Por otra parte, también deberíamos buscar la forma de mantener el equilibrio en el ejercicio de la práctica médica, para poder liberarnos de “las cargas” que asumimos en la búsqueda de la mejoría de los pacientes.

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